A principio de los años 60, cuando Carlos Moreán y los “Darts”, los “007”, los “Claners”, o los “Impala”, animaban las mejores fiestas juveniles en Caracas, y los “patoteros” del este las terminaban a golpes, los hermanos Pedro y Marcelo Planchart pusieron a la juventud dorada de la ciudad a hacer karate. Su gimnasio estaba en una callecita, cerca de la avenida Las Acacias, al sur de la avenida Casanova.

Casi nadie conocía la disciplina, ellos la pusieron de moda. El otro arte marcial que se practicaba en esa Caracas casi ingenua y despreocupada, era el judo, en el gimnasio del recordado Juji Sensei, enfrente a la tienda “El Cazador” de Chacaíto. En la ciudad alegre de esa época, los adolescentes se dedicaban a levantar pesas, a escuchar música rock, a dejarse el pelo largo, a fumar mucho y a sonreírle a la vida. Los más bellacos se unían, montados en sus motos Triumph Bonneville, a alguna patota de su círculo social para hacer maldades. Miguel Otero Silva recogió ese trajinar de los muchachos caraqueños de los años sesenta, en su magnífica novela “Cuando quiero llorar no lloro”.

La enseñanza de karate que impartían los hermanos Planchart sirvió para canalizar esa agresividad juvenil del momento, entrenando a decenas de muchachos en su gimnasio. Con su uniforme muy blanco y estrictas exigencias, encauzaban la adrenalina de sus alumnos hacia el combate. Pedro se fue muy rápido al cielo, y Marcelo quedó al frente de la escuela. Se mudó varias veces de sede, entre las más recordadas están la del Gimnasio Miranda, ubicado en la avenida Libertador de Chacao, y luego la de la avenida principal de Las Mercedes, detrás del concesionario Fiat Lumosa.

A las puertas su establecimiento llegaban los artistas de televisión más populares de la época, cantantes, políticos, jóvenes de la alta sociedad, y militares de todos los rangos. Si alguien de ese tiempo quería ser reconocido por su destreza en el kumite, tenía que entrenar con Marcelo Planchart, con nadie más. Renny Ottolina, Carlos Moreán, Henrique Lazo, Toco Gómez, los actores de novelas Carlos Márquez y Carlos Olivier, y casi todos los famosos de Venezuela, tomaron clases alguna vez con Marcelo. Hasta el presidente Carlos Andrés Pérez se puso su uniforme de karate varias veces, guiado por el ya célebre Maestro.

Como Planchart también dio clases de karate durante décadas en la Academia Militar, generaciones de cadetes pasaron por sus clases. Entre ellos algunos que luego fueron generales, ministros de la defensa, y hasta presidentes. Marcelo impuso un estilo de combate que privilegió la defensa personal y la práctica ruda, antes que la rutina teórica alejada de la realidad de las peleas de calle. Los patoteros y boxeadores no creían en los katas de los karatecas. Con eso en mente, el Maestro enseñaba a defender la vida en la calle, y no tanto a realizar exhibiciones bonitas en un gimnasio.

El maestro Planchart en compañía de nuestro querido amigo Henrique Lazo

La película de Bruce Lee “Operación Dragón”, estrenada en el año 1973, terminó de explotar la moda del karate y del Kung-Fu. Muchísimos gimnasios funcionaron en la ciudad, como el del recordado Maestro Tak, en la urbanización El Paraíso. Las artes marciales hicieron ebullición en el mundo entero, y Caracas abrazó esa tendencia mejor que nadie. Pero hay que decirlo, “El gimnasio”, era el Instituto de Artes Marciales Marcelo Planchart. Los alumnos de Marcelo pasaban del entrenamiento duro, a terminar la noche en las discotecas preferidas de la juventud selecta de esa época: La Lechuga, en el centro comercial Los Cedros, o Le Club del centro comercial Chacaíto.

Las rivalidades deportivas entre estilos y gimnasios, hicieron que Planchart organizara el primer campeonato abierto de Artes Marciales en Venezuela, que se llevó a cabo en el Poliedro de Caracas en octubre de 1976. Ese campeonato lo ganó el querido y recordado Carlos Planchart, hermano menor de Marcelo. La final fue contra el norteamericano Robert Crossom, y los momentos estelares de la pelea se pueden ver en YouTube. Carlos era considerado como el mejor y más rápido combatiente de Venezuela.

Marcelo Planchart está ahora en la ciudad de Los Ángeles con su familia, pero se mantiene activo día a día en su pasión por el karate. Vía Zoom, observa regularmente las clases y exámenes que ahora imparten sus alumnos. Mantiene su legado a través de dos discípulos a quienes quiere como hijos: Jorge Donoso y Víctor Garrido. A ambos les fue expedido en Japón hace unos años el grado de Séptimo Dan, por el líder de la Federación Internacional de Shotokai, Toyotaro Miyasaki.

En estos días hubo un acto, organizado por la Federación Venezolana de Karate-Do, para homologar grados. Se reconoció la trayectoria de algunos karatecas profesionales venezolanos, y de otros que no siendo venezolanos hicieron carrera en nuestro país. Esa fue una iniciativa que debemos felicitar. Sin embargo, también debemos decir que en las homologaciones hubo omisiones y preferencias poco elegantes, que no han debido ocurrir. No se puede desfigurar la historia del karate en Venezuela. Nobleza obliga.

alvaromont@gmail.com

02/MAY/2022

Cortesía de:

Álvaro Montenegro / El Universal (Venezuela)

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