Alba Freitas escribe para los lectores de El Nacional esta excelente crónica. Tan buena que nos motiva en Puro Vinotinto a compartirla, pues nuestro ADN como medio digital coincide, aprecia y tiene demasiado que ver con lo que se expresa en la Sinfonía Desordenada y esta memorable reseña:

Se comienza a escuchar el sonido de unos latidos mientras la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño queda a oscuras. En una pantalla aparece la imagen de un corazón mientras el público se emociona por el espectáculo que está a punto de presenciar. Son las 7:20 pm del sábado 28 de mayo cuando una voz en el recinto anuncia: «Primer movimiento: ¿Qué nos pasó? ¿Cómo llegamos aquí? Paisanos se retiraron el habla, amigos se dieron la espalda, familias enteras se desintegraron. La desconfianza nos invadió. Caos. Alboroto. Desorden. Ese país que éramos irremediablemente fue sacudido por la ruptura».

El telón negro de terciopelo se abre, el público aplaude y da la bienvenida a los músicos de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho. Dirigidos por Elisa Vegas, comienzan a interpretar las notas del reconocido tema «Allá cayó» de Desorden Público. Horacio Blanco, cantante y cofundador del grupo, entra al escenario vestido de traje negro con rayas blancas. Lleva consigo su guitarra negra mientras los gritos y los aplausos aumentan su intensidad. La Sinfonía Desordenada acaba de comenzar.

Uno de los momentos de la memorable presentación

«Estoy seguro de que ustedes, público ilustre,  leyeron el programa que tienen en sus manos», dice Blanco al terminar el primer tema. «Aunque yo sé que lo leyeron les contaré igual cómo surgió esta extraña combinación de lo sinfónico y lo desordenado. Corría el año 2018, estaba en México, viviendo la experiencia del migrante y en esas noches entraban por la ventana las nostalgias. Así, una noche pensando qué cosa interesante podía hacer, y que de alguna manera apoyara en algo a nuestro país, nació la idea de organizar el repertorio desordenado como una sinfonía. Lo bauticé Concierto para Desorden y Orquesta en Tres Movimientos: la ruptura, la partida y el abrazo”, explica.

Blanco continúa su relato y señala que, entonces, pensó en quién podía ayudarlo a concretar ese proyecto. La única respuesta que se le ocurrió fue la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho que, junto con Elisa Vegas, siempre han demostrado ser arriesgados. Así, entre la anécdota y los aplausos, Vegas, vestida con tenis y una falda para poder bailar mejor mientras dirige a unos músicos que acuden al show con lentes de sol, admitió que la respuesta a la propuesta de Blanco fue sencilla: «Sí, echémosle pichón».

Sinfonía desordenada: la ruptura

Sinfonía Desordenada se concreta como una obra inspirada en los venezolanos, «los que están aquí, los de allá y los que están mucho más allá», dice Blanco. Además, señala que el espectáculo tiene mucho de Caracas, ese lugar al que define como la ciudad de sus anhelos. Las luces se vuelven azules, Blanco se voltea, se pone unos lentes de buceo y comienza a interpretar «Peces del Guaire».

El repertorio del primer movimiento continúa entre chistes y relatos de Blanco que transportan al público a la Venezuela de antaño. Interpretan grandes clásicos de la banda de ska fundada en 1985. Entre ellos «La danza de los esqueletos», «El racismo es una enfermedad» y «Los zombies están de moda». Llega el turno de otro gran clásico de la agrupación, «Skápate». Blanco cuenta la historia que inspiró ese tema y cómo gracias a él Desorden Público se dio a conocer en República Dominicana.

«Primero la inspiración: uno de aquellos compañeros de nuestra pandilla de adolescentes tenía una novia y quedaron embarazos. Todos lo sufrimos, se convirtió en una tragedia para todos, para ellos un poco peor. Con este rollo que se dio en mi pandilla, mi mamá decidió no confiarme la llave de la casa. Así que a mí me tocaba esperar en la entrada del edificio hasta que alguien llegara. Mientras esperaba, saqué un cuaderno y escribí la canción que vamos a tocar a continuación», cuenta.

El tema, continúa narrando Blanco, se grabó en 1988. Finalmente, cuando se edita para el primer álbum de la banda, las autoridades decidieron censurarlos. «Los sensores, que siempre meten la pata, decían: esa canción atenta contra la moral y las buenas costumbres. Nosotros lo que hacíamos en esa canción era incentivar el uso del preservativo. Imagínate a unos adolescentes diciéndoles a otros adolescentes que se cuidaran y estos animales: estás censurado», cuenta.

Sin embargo, con la canción lograron darse a conocer en República Dominicana. «Primera vez que salíamos de Venezuela y cuando llegamos allá, nos presentaban como los venezolanos. Nadie sabía quiénes éramos hasta que decían: la banda del condón», termina. La orquesta comienza a interpretar las primeras notas de “Skápate”, un tema emblema de Desorden Público que el público canta a todo pulmón.

A la pieza le sigue «Latex», también interpretada entre anécdotas de cómo la banda llegó a componerlo. Y, finalmente, para cerrar el primer movimiento, Blanco invita a escena a la cantante Desireé Genatios. Juntos interpretan «Cachos de vaca» y «El tren de la vida».

La partida

Nuevamente, la sala Ríos Reyna queda a oscuras durante la Sinfonía Desordenada. La imagen del corazón realista vuelve a aparecer en la pantalla para introducir al público el segundo movimiento. «La frontera se desvaneció ante nuestros ojos y nuestros afectos se regaron por el mundo entero. Y con ellos, se fue también un país que ya no somos y que, probablemente nunca seamos de nuevo. Hoy somos un país expandido, somos los de adentro y los de afuera, somos los que se quedan, los que se van. El país que somos añora con todas sus fuerzas superar los efectos de la partida».

El cantante de la internacional agrupación musical venezolana Desorden Público, Horacio Blanco, y Elisa Vegas, directora de la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho, con sus diestros ejecutantes, se unieron en un espectáculo dividido en 3 movimientos: la ruptura, la partida y el abrazo. Juntos hicieron reír, llorar y cantar al público entre reflexiones y anécdotas

En la pantalla aparecen imágenes de migrantes venezolanos que tuvieron que dejar el país, los rostros de quienes se fueron pero no olvidan de dónde son. Cada uno se presenta y luego dice lo que más extraña de Venezuela. Las luces se encienden y Vegas comienza a dirigir una melodía que se acompaña con la imagen de un avión sobrevolando el país. Es la representación de la migración venezolana que a finales de 2021 alcanzó los siete millones de migrantes, según cifras de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El público está absorto en la música por lo que es inesperado cuando las luces se encienden por completo y en el pasillo central de la sala aparece Horacio Blanco interpretando «Los que se quedan, los que se van».

Entre versos, Blanco reflexiona sobre cómo los venezolanos que quedan en el país están dispuestos a esperar el regreso de los que partieron. El cantante incluso se cuestiona qué tipo de país es Venezuela ahora que hay más de 20% de su población en otros países. Y así, con la esperanza de que algún día volverán los que se fueron, continúa la Sinfonía Desordenada.

Es en este movimiento que Blanco interpreta el único tema que no forma parte del repertorio desordenado: «Haz el bien», compuesto especialmente para la beatificación del doctor José Gregorio Hernández. Al tema le sigue «Mini Uzi» y finalmente se cierra este segundo movimiento de la Sinfonía Desordenada con «Qué fue lo que pasó» coreado con entusiasmo por el público.

El abrazo

El públicó se emocionó, bailó y cantó al máximo

«A un país que fue sacudido por la ruptura y marcado por la partida, solo le queda por afrontar una cosa: la reconstrucción. Y es que a través de las grietas siempre pasa la luz, una luz que nos puede guiar hacia lo mejor de nosotros, que nos dé la valentía para darnos la mano, para perdonarnos; que nos devuelva las ganas de echar ´palante´ y la esperanza de que sí es posible. Una luz que prenda la fiesta y el bochinche, que nos bañe en la alegría de volvernos a encontrar con la madurez que solo otorgan las lecciones aprendidas. El país que podemos ser está cerca, un país de arraigo, de orgullo, de compromiso, un país que comienza con el abrazo».

Así comienza el tercer y último movimiento de la Sinfonía Desordenada, pasan de las 9:00 pm y el público en el TTC ya ha llorado, reído y cantado. El movimiento que habla del tan esperado reencuentro con los que se fueron del país inicia con la canción «Música de fiesta».

La orquesta deja de tocar por un momento para dar espacio a otra anécdota. Blanco y Vegas comienzan a relatar cómo fue el proceso para hacer realidad la Sinfonía Desordenada, proyecto que tuvo que hacer frente, además, a la pandemia del covid-19. Juntos explican que se les ocurrió grabar las piezas que interpretarían con cada músico aislado durante la cuarentena. Ante eso, aquellos que tocan percusión y no contaban con los instrumentos en sus casas, se vieron obligados a resolver: utilizaron los tobos y las ollas que tenían a la mano.

En ese momento de la Sinfonía Desordenada los músicos de la orquesta sacan de debajo de sus sillas los tobos y otros implementos que usaron durante la cuarentena. Y así, dirigidos por Vegas y Blanco, le muestran al público cómo grabaron el coro de «Música de fiesta» interpretando en el escenario el tema mientras golpean sus ollas, tobos y hasta potes de mayonesa vacíos.

La fiesta continúa y Blanco introduce con otra anécdota el tema «Simón Guacamayo». El público se pone de pie y, siguiendo las instrucciones de Vegas y Blanco, el TTC resuena con el coro de la canción.

Ya cerca del final, y a modo de despedida, empiezan a sonar los versos de «Combate», otro tema emblema de la banda que da la bienvenida al escenario a Danel Sarmiento, baterista de Desorden Público. El músico sube acompañado de su hija y juntos acompañan a los músicos con los versos «Desorden está en la calle», mientras Blanco y Vegas intercambian lugares: Blanco comienza a dirigir a la orquesta y Vegas toma el micrófono para cantar.

Finalmente, ambos agradecen a todos los que hicieron posible la Sinfonía Desordenada y se despiden del público que, en medio de una sentida ovación, pide otra canción. Los músicos complacen a la audiencia y empiezan a interpretar «Tiembla».

Antes de que finalice la canción y entre los versos finales, Blanco da unas últimas palabras a la audiencia: «Llévense de nuestra parte la mejor sonrisa. Sigan esforzándose por Venezuela, porque nadie los va a hacer tan bien como nosotros mismos». El telón negro de terciopelo comienza a cerrarse y el público aplaude de pie por varios minutos, ovacionando con gritos el final de un desorden sinfónico, en una noche de risas, reflexión, anécdotas y reencuentro.

PV

Un grande y afectuoso abrazo para todos !!!

Escrito por Alba Freitas / Tomado de El Nacional

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