Este 24 de diciembre, en la Basílica de San Pedro, engalanada con flores rojas y blancas para la Santa Misa de Nochebuena y Natividad del Señor, el Santo Padre presidió la ceremonia y significativo y acto de especial significación para todo el mundo católico. En procesión, 12 niños de Italia, India, Filipinas, México, El Salvador, Corea y Congo se aproximaron al pesebre colocado en el templo. Por primera vez después de los dos años de pandemia, la capital del catolicismo recibió a peregrinos de todas partes sin restricciones sanitarias. Además de la Basílica (7.000 personas), en la Plaza unos 3.000 fieles siguieron la Santa Misa a través de pantallas gigantes, en una noche serena y adornada con el árbol de Navidad y el belén inaugurados el 3 de diciembre pasado.

¿Qué es lo que le sigue diciendo esta noche a nuestras vidas?”. A partir de esta interrogante el Papa articuló su homilía, en la que recordó que, “después de dos milenios del nacimiento de Jesús, después de muchas navidades festejadas entre adornos y regalos, después de todo el consumismo que ha envuelto el misterio que celebramos, hay un riesgo: sabemos muchas cosas sobre la Navidad, pero nos olvidamos del significado”, se destaca en una crónica de Sebastián Sansón Ferrari desde Ciudad del Vaticano para Vatican News. Asimismo, agencias de noticias de todo el mundo dan cuenta del mensaje sobre la Nochebuena y la Natividad del Señor, conmemorada este 2022.

El Obispo de Roma, Jorge Mario Bergoglio, de la Compañía de Jesús,​ quien adoptó el nombre papal de Francisco, hizo referencia y enfatizó en palabras esenciales y de gran contenido: la cercanía, la pobreza y lo concreto.

La cercanía

Una vez más, como profeta de paz, Francisco exclama: “¡Cuántas guerras! Y en tantos lugares, todavía hoy, la dignidad y la libertad se pisotean”. “Y las principales víctimas de la voracidad humana siempre son los frágiles, los débiles”, subraya. Hoy como ayer, como le sucedió a Jesús, una “humanidad insaciable de dinero, poder y placer tampoco le hace sitio a los más pequeños, a tantos niños por nacer, a los pobres, a los olvidados”. Su mirada se dirige, en especial, a los niños devorados por las guerras, la pobreza y la injusticia.

“Pero Jesús llega precisamente allí, un niño en el pesebre del descarte y del rechazo. En Él, niño de Belén, está cada niño. Y está la invitación a mirar la vida, la política y la historia con los ojos de los niños”, y agrega, “…en el pesebre del rechazo y de la incomodidad, Dios se acomoda, llega allí, porque allí está el problema de la humanidad, la indiferencia generada por la prisa voraz de poseer y consumir”.

“Cristo nace allí y en ese pesebre lo descubrimos cercano. Llega donde se devora la comida para hacerse nuestro alimento. Dios no es un padre que devora a sus hijos, sino el Padre que en Jesús nos hace sus hijos y nos nutre de ternura. Llega para tocarnos el corazón y decirnos que la única fuerza que cambia el curso de la historia es el amor. No permanece distante y potente, sino que se hace próximo y humilde; Él, que estaba sentado en el cielo, se deja recostar en un pesebre”.

El Sucesor de Pedro expresó que, esta noche (de Natividad) Dios se acerca a ti porque para Él eres importante. Desde el pesebre, como alimento para tu vida, te dice: “Si sientes que los acontecimientos te superan, si tu sentido de culpa y tu incapacidad te devoran, si tienes hambre de justicia, yo, Dios, estoy contigo. Sé lo que vives, lo he experimentado en el pesebre. Conozco tus miserias y tu historia. He nacido para decirte que estoy y estaré siempre cerca de ti».

El pesebre de Navidad, primer mensaje de un Dios niño, nos dice que Él está con nosotros, nos ama, nos busca”, sostiene el Papa, animándonos a no dejarnos vencer por el miedo, la resignación o el desánimo. Porque “Dios nace en un pesebre para hacerte renacer precisamente allí, donde pensabas que habías tocado fondo. No hay mal, no hay pecado del que Jesús no quiera y no pueda salvarte. Navidad quiere decir que Dios es cercano”. “¡Que renazca la confianza!”, exclamó y pidió.

Invocación en árabe: «Padre de todos, que ama y da la paz, para que conceda a quienes tienen responsabilidades políticas, sociales y económicas el valor de rechazar la violencia y construir la amistad entre los pueblos» (Fuente imagen referencial: Vatican News, vía web)

La pobreza  

Desglosando la segunda clave de lectura sobre el Belén, el Papa describió su austera composición, sin muchas cosas a su alrededor: maleza, algún animal y poco más. “María, José y los pastores; todos eran pobres, unidos por el afecto y por el asombro; no por riquezas y grandes posibilidades”, aseveró Bergoglio, quien reivindica que el humilde pesebre “saca a relucir las verdaderas riquezas de la vida: no el dinero y el poder, sino las relaciones y las personas”.

Y la primera persona, la primera riqueza, es Jesús. Sin embargo, “¿Queremos estar a su lado? ¿Nos acercamos a Él, amamos su pobreza, o preferimos quedarnos cómodos en nuestros intereses? Sobre todo, ¿lo visitamos donde Él se encuentra, es decir, en los pobres pesebres de nuestro mundo?”, interpeló el Pontífice. En los pobres Él está presente, deja claro el Papa, y nos recuerda que estamos llamados a ser una Iglesia que adora a Jesús pobre y sirve a Jesús en los pobres.

En su alocución, Francisco retomó el mensaje pastoral de Año Nuevo de San Óscar Arnulfo Romero, del 1º de enero de 1980: “La Iglesia apoya y bendice los esfuerzos por transformar estas estructuras de injusticia y solo pone una condición: que las transformaciones sociales, económicas y políticas redunden en verdadero beneficio de los pobres”. El Santo Padre reconoce que “no es fácil dejar la tibia calidez de la mundanidad para abrazar la belleza agreste de la gruta de Belén, pero recordemos que no es verdaderamente Navidad sin los pobres”. “Sin ellos se festeja la Navidad, pero no la de Jesús. Hermanos, hermanas, en Navidad, Dios es pobre. ¡Que renazca la caridad!”, prosiguió.

Lo concreto

Un niño en un pesebre representa, para el Pontífice argentino, “una escena que impacta, hasta el punto de ser cruda”.

Nos recuerda que Dios se ha hecho verdaderamente carne. De manera que, respecto a Él, no son suficientes las teorías, los pensamientos hermosos y los sentimientos piadosos”.

El Salvador, que nació pobre, “vivirá pobre y morirá pobre”, “no hizo muchos discursos sobre la pobreza, sino la vivió hasta las últimas consecuencias por nosotros”, expresó el Papa.

“Desde el pesebre hasta la cruz, su amor por nosotros fue tangible, concreto: desde su nacimiento hasta su muerte, el hijo del carpintero abrazó la aspereza del leño, la rudeza de nuestra existencia. No nos amó con palabras, no nos amó en broma”.

Jesucristo “no se conforma con apariencias”, aclara Su Santidad. Por el contrario, remarca que “busca una fe concreta, hecha de adoración y de caridad, no de palabrería y exterioridad”; añadiendo que, “nos pide verdad, que vayamos a la verdad desnuda de las cosas, que depositemos a los pies del pesebre las excusas, las justificaciones y las hipocresías”. También, “quiere que nos revistamos de amor”.

Por la erradicación de la violencia 

En las cinco oraciones de los fieles, junto a las expresadas en chino, francés, portugués y malayalam, destaca la invocación, en árabe, al «Padre de todos, que ama y da la paz, para que conceda a quienes tienen responsabilidades políticas, sociales y económicas el valor de rechazar la violencia y construir la amistad entre los pueblos»

Puro Vinotinto

Con información de Vatican News (Sebastián Sansón Ferrari), agencias internacionales de noticias y Wikipedia

Fuente imágenes referenciales: Vatican News, vía web

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